domingo, 1 de septiembre de 2013

Madre selva

Hola lectores y lectoras de este mundo, soy yo, el mismo, desde la selva. Hace mucho que no escribo, es verdad, pero tengo excusas. Primero les cuento que de Cusco partí solo para recorrer el valle sagrado y cuando estaba por ir a Machu Pichu llovía, yo estaba solo, medio deprimido y tenía que caminar mucho, además sin plata para pagar la costosa entrada “solo para gringos” y sin ganas de sentir el estrés de colarme, así que decidí quedarme con la extraordinaria experiencia que tuve en Choquequirao y saltearme el Machu para otro momento, en otra vida o en esta. De ahí me fui para Echerati a donde me esperaban mis amigos y amigas y donde el pueblo cumplía años. Celebramos. Tomamos y comimos a costa de gente amable con los viajeros (especialmente  tomamos) y de las seños de los mercados. De ahí el grupo se dividió. Todos queríamos ir para la selva selva (Echerati es “ceja de selva” o sea, selva con montaña, no selva baja), pero algunos querían ir así nomás y otros con algo de capital. Los capitalistas éramos básicamente Facu y yo. Ambos, luego de 3 días de no hacer nada, contactamos al dueño de una chacra que ofrecía chamba y nos pareció la oportunidad. Desde que tomamos esa decisión paso un mes aproximadamente en el que vivimos en la chacra de Echerati, cultivando cacao, extrayendo miel, subiendo bolsas de guano y cemento y demás tareas, todo esto intercalado con comidas abundantes, caserísimas y deliciosas. Cuando tuvimos la plata suficiente, Facu, Brian, Chicha y yo (Brian se nos unió en la mitad, junto con Chicha, la cachorra pulgosa que lo acompaña) partimos  para Quillabamba a encontrarnos con Caro, Cande y el ya adolescente y mal criado Chicho (si, Chicho). En quillabamba –que es ciudad- trabajamos en los semáforos, comimos mucho en los mercados y tomamos mucha chicha (no la perra, la bebida) hasta encontrar nuestra chance, un camión de frutas que iba rumbo Ivochote (selva), ese día facu cargo todo el camión, y viajamos toda la noche durmiendo entre frutas, latas de leche, galletitas, huevos, nuestras mochilas, los perros,  nosotros mismos y vaya uno a saber qué cosas más. Arribamos a Ivochote city a la mañanita, alucinando con el paisaje que la pacha nos ofreció desde arriba del camión, descargamos el coche y nos fuimos a acampar al lado del rio. En ivochote nos tiramos de un puente al rio, y nada más, durante tres días en los que intentamos encontrar un lanchero que nos lleve más adentro con la condición de que le carguemos y descarguemos la lancha, cosa que no pasó. Finalmente nos hinchamos las pelotas y empezamos a caminar, hasta que nos cruzó un camión de arena (sin arena) que iba rumbo a Saniriato (a donde queríamos llegar), le cargamos el camión y por suerte nos aventó.  En Saniriato hicimos una caminata hasta un rio ALUCINANTE llamado Rio Ioiato, la caminata fue de unas agotadoras 5 horas por la selva y el rio tenía un pileton azul como un rubí, así que la mejor opción era quedarnos por lo menos una o dos noches ahí, dicho y hecho, a las dos noches volvimos. De ahí pasamos vaaarios días en Saniriato viendo como seguir pero no había lanchero que nos lleve, conseguimos algún que otro laburito de trasladar arena pero era más la plata que gastábamos que lo que hacíamos, hasta que surgió la oportunidad de cargar un bote y partir rumbo a Camisea. El problema era que en Camisea definitivamente no había trabajo y seguir hasta Cepagua salía 40 soles, y de Cepagua a Atalaya (primer ciudad) 40 soles más. Así que Brian, Caro, Cande y chicha decidieron volver para Quillabamba por falta de capital y con Facu que teníamos todavía 100 soles del trabajo en la chacra nos subimos a la lancha, llevándonos a nuestro gran amigo, don chicho. La sonrisa casi nos da vuelta la cara cuando vimos que la carga del bote era de barras de telgopor. Cancherando subimos las barras y fuimos por vía fluvial hacia Camisea, pasando por el lugar mas energético que pude presenciar en mi vida (y para Facu igual), el Pongo (buscar fotos!!!). dormimos esa noche en Camisea y de ahí al otro día pagamos bote a Cepagua, donde dormimos también una noche y conseguimos bote carguero que nos  llevaría a Atalaya por 20. Lo tomamos.
Ahora andamos en la ultima ciudad mencionada juntando plata para seguir para Pucalpa, ayer descargamos un bote de abarrotes  (terminamos como a las 11 de la noche, metidos en el agua hasta la cintura bajando mercadería) y hoy la idea es descargar cemento porque no hay mucho espacio en la ciudad para músicos, malabaristas y un perro; mañana, haremos un piso de una obra. Y bueno, eso es todo.
Hasta próximo aviso, saludos desde la hermosa selva Peruana.

2 comentarios:

  1. Benja! Por fin apareciste! Me alegro que estes bien y que aventuras! Ahora cada vez que veo un malabarista en un semaforo me acuerdo de uds y le doy algo y si no tengo por lo menos lo miro con una sonrisa! Te mando un beso muy grande y te queremos mucho!!
    Marce

    ResponderEliminar