
Movidos días fueron los últimos.
Muy buenos. Del rió tuve la obligación como buen inmigrante de volver al Cusco
para así huir hacia Copa Cabana, Bolivia, y evitar excederme de los 60 días
limite que tenia pal Perú. ¿Cómo? De a 3. Fuimos yo + mi compañera de chamba
(trabajo) en el Hostel, Carla –Brasil- + mi compañero de doble chamba, en el
hotel y en el rió, Álvaro –España-.
Así nos dirigimos hacia Copa,
Ciudad boliviana a orillas del Titicaca, el lago más alto del mundo y el
segundo más grande, y al otro día, Isla de Sol. IMPACTANTE el viaje en lancha,
lagazo enorme hasta el horizonte, con sus islas salteadas por ahí, y todos esos
litros de agua dulce, y fría. Lago chacra madre de la tierra, agua de donde
salieron los Incas. Así lo cuenta su historia, dos de ellos, uno y una,
salieron del lago caminando, vivieron en la Isla del Sol, y cruzaron, cuando Dios (el sol)
les dijo que caminen, y que caminen, hasta llegar al lugar en donde el bastón
que lleven se clave en la tierra y ahí forjen su civilización.
Por esas casualidades de la vida
llegamos, se podría decir, en el mejor día del año para ir a la Isla, llegamos un día antes
del Inti Raymi. El Inti Raymi es la celebración del sol, realizada en cada
solsticio de invierno, sale el “nuevo sol”, cargado de energías para
aprovecharlas por esos 6 meses. Ahí estábamos, celebrando al Sol, en la Isla del Sol. La lancha nos
dejó a nosotros tres y como a quince vagos mas en la parte Sur de la Isla, y caminamos todos a la
norte, 3 horas, 3 horas cansadoras por la altura, 3 horas cansadoras por las
subidas y bajadas, 3 horas donde el paisaje te explotaba los ojos, nieve,
piedra, verde, agua, todo. Acampamos en la playa de lago, al lado del pueblo,
hicimos un fuegazo y tratamos de aguantar de a muchos hasta las 5 de la mañana,
hora en la que había que subir a la parte mas alta de la Isla norte donde había una
celebración viendo recién salido al nuevo sol. No aguanté. Me desperté a las 9.
Me lo perdí.
Disfrutamos un poco de ese solazo
y partimos de nuevo para Copa, ese mismo día Carla y Álvaro pegaron la vuelta y
yo me quede una nochecita mas, pasé mi mañana en Copa y también partí de vuelta
hacia la tierra donde se clavó el bastón inca, a las tierras del Cusco. Voy a
poner unas fotitos. La de la vuelta al Cusco es una foto del Coricancha, el
lugar donde existió el “templo dorado”, el templo del sol, con sus paredes de
oro, reflejando el color de Dios, reflejando, hasta que vinieron los españoles,
y decidieron que el Sol no era un Dios, y decidieron que tenían la razón, y
decidieron llevarse todo ese oro, y decidieron construir el Convento de Santo
Domingo justo arriba del Coricancha, aplastando a la historia, matando además
de en vida, en espíritu, a los “salvajes” que sabían, por su Dios, que el
tiempo era circular, que el año tenía 365 días, que el agua construye, que las
constelaciones hablan, que la naturaleza es sabia, y que viviendo de ella no
hay hambre, no hay pestes, no hay sed. Los españoles no sabían, y ahora no
saben, y los peruanos tampoco, y realmente casi nadie sabe, pero hubo gente que
sí lo supo, hasta que “se olvidó”.
En Cusco pasé un día, donde me
reencontré con Lucas y Facu, amigos desde el tren a Tucuman, y ellos estaban
con Agus y Joaco, amigos del hostel, uno ex estudiante de historia, el otro
profesor de lo mismo. Planeaban los 4 salir al otro día para las ruinas de
Choquequirao, último lugar donde se sabe que habitaron los Incas. Pueblo escondido
pero en serio, pueblo donde fueron a resistir hasta donde se pueda la agradable
visita de los civilizados Europeos, que mataron a tantos indios, que tuvieron
que traer negros del África para poder seguir sacando oro, y plata, y telas, y
hasta papas, y mas que nada vidas, con sus respectivas dignidades.
Y en vez de 4 partimos 5, en bus
hasta el ramal Cachora, donde hicimos noche al lado de la ruta, donde pasé el
peor frió de mi vida, cuando pegó la helada arriba de mi carpa, a casi 4000
helados mts. de altura. Tempranito a la mañana desarmamos y tomamos transporte
a Cachora, pueblo INCREIBLE de donde se empieza la caminata, los 20 primeros
kms, los 1500 mts. de descenso, hasta llegar hambrientos, picados por gegenes,
e insolados al camping libre que está a orillas del rio Apurimac, en Quechua,
el “Gran hablador”, el mas poderoso Oráculo de los Incas, que conversaba, y
respondía, a través de sus poderosísimos rápidos. Cocinamos, comimos y dormimos
como reyes, hasta las primeras horas de la mañana, en las que seguimos viaje,
cruzando el río, y subiendo, ahora en la montaña de en frente, 1500 mts de
altura, en 10 kms, a base de maníes, avellanas y pasas de uva, todos racionados
en pequeñas dosis iguales. Que manera de sufrir, y que manera de gozar.
Paisajes impactantes ni que hablar, energías, y mucho sufrimiento humano en
subidas largas, constantes, y empinadísimas. Pero muy buena compañía, nos
reímos, opinamos, compartimos, y aprendimos mucho. Ese día llegamos a donde esa
noche dormimos, un campamento a solamente 1:30 hs de las ruinas, un campamento
en lo alto de la montaña, que desemboca directamente en el cañón del Apurimac,
ahí a donde los Incas decidieron construir su templo, ahí adonde estaban bien
cerca de Dios. Y bueno, tempranito al Choque, llegamos a las ruinas y estuvimos
toda la mañana y hasta la tarde solos, mirando, descubriendo, analizando,
caminando, viendo piedras enormes formar casas, viendo montañas sin punta,
donde se hacían los rituales, viendo terrazas de cultivos eternas, en ladearas
empinadísimas, sistemas de agua perfectos, y tratando de entender la paradoja
de un pueblo tan conectado con lo natural y al mismo tiempo tan imperialista,
que avanzó desde el lago Titicaca hasta Ecuador al norte, y hasta Argentina al
Sur, sometiendo a otros pueblos, una casta que sabía, que por ser cíclico el
Universo, que por ser circular la historia, todo va y todo viene, y sabía que
serían sometidos, y sabía que habría gente mas cruel que ellos, pero nunca
imaginó que tanto. Y que en sus últimos días se trasladó a su templo de
Choquequirao, a aguantar, con una reserva de comida suficiente para alimentarse
15 años, de las que solo comieron un poco, de las que disfrutaron, sí, las
visitas.
Y bueno, para terminar este
“ciclo argento-inca” volví a volver a Cusco, donde pasé un día, y de donde me
fui, la otra mañana rumbo a vencer un miedo. Fui a reencontrarme con el Gran
Oráculo, con el río Apurimac, pero esta vez, no desde la tierra, sino desde mi
kayak. Fuimos 6 pasajeros, un guía, un carguero, un kayakista y yo (otro kayakista) a hacer rafting durante
tres días a uno de los 10 mejores ríos del mundo para la actividad, a dormir en
playas de arena dentro del cañón, a correr los violentos rápidos grado 4 y 5
del Apu. Solamente dos palabras describen mis sentimientos al entrar al rio:
“todo cagado”. Pero lo vi, lo escuché, le pedí permiso, le ofrende hojas de
coca, y lo corrí, y lo disfruté, y tan bien la pasamos que me dejó volver, y
por tres días mas, sentí paz, miedo, respeto, alegría, y todo lo que carga el
cañón.
Ahora el plan, si lo cumplo, es
cerrar el Ciclo en el Machu Pichu, y empezar otro capítulo, pero en la selva.
Isla.










